Hace un par de fines de semana estuve en Oporto pasando un par de días. Dos cosas me llamaron la atención:
La primera es lo bien que se come, del nivel de los mejores sitios de Asturias. Por supuesto, hablamos de cocina tradicional portuguesa, buena materia prima y muy bien preparada.

La segunda es que, siendo una ciudad con un montón de posibilidades, a nivel arquitectónico tiene buena base y  muchísimo que rehabilitar y a nivel de interiorismo, poca cosa. Excepto algún restaurante caro, tipo Don  Tonho, en los que el diseño y la iluminación están  muy cuidados, el resto está como España hace 20 años. Han ideado una especie de cubo de acero, cristal, madera y hormigón que se repite con ciertas variaciones en chiringuitos de playa, puerto y ribera del Duero, donde el puente de Luis I da un carácter muy especial a una ciudad con mucho encanto, y que además  es como un cheque en blanco para arquitectos e interioristas.

Alicia Mesa

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