Cómo utilizar la psicología del color en la decoración

Aunque no lo parezca, los colores nos provocan distintos estados de ánimo. En ocasiones ni siquiera somos conscientes de ello, pero se deben elegir los adecuados para cada forma de ser, cada hogar y cada estancia. Esto nos ayuda al bienestar interior y, con él, a que la vida sea un poco más fácil. Sólo si una persona está tranquila y se siente bien en su entorno puede solucionar los pequeños problemas cotidianos. Sentirnos cómodos nos ayuda a pensar y resolver situaciones.

No todos percibimos los colores de la misma forma ni nos producen las mismas sensaciones, de modo que la elección del color en la decoración irá exclusivamente unida al gusto y personalidad de quien vaya a vivir en una casa.

Rojo. El color rojo es el más cálido de todos, es el color de la pasión y el deseo por excelencia. Sin embargo, también puede ser un color que provoque agresividad, por lo que hay que utilizarlo en su justa medida.

Amarillo. El amarillo es un color que da alegría y buen humor, es un estimulante para la mente y aumenta la creatividad.

Verde. Por todo es sabido que el verde es un color relajante, por lo que es muy adecuado para las habitaciones. Es un color que nos puede ayudar a relajarnos y dormir, ya que es calmante y alivia el dolor de cabeza.

Naranja. El naranja tiene efectos positivos sobre el sistema respiratorio, da vitalidad  y es apropiado para los lugares de trabajo, ya que favorece las relaciones entre personas.

Azul. El azul es un color que evoca paz, tranquilidad y frescura, aunque en sus tonalidades más grises puede reflejar cierta frialdad.

Blanco y negro. El blanco es el color que invita a la paz, el negro a la tristeza.

Gris. El gris, según cómo se utilice, puede resultar elegante o aburrido. Hay gente que lo ve como un color triste, aunque es un color que también transmite serenidad.