El pasado fin de semana estuve un par de días en Eindhoven, una pequeña ciudad ubicada en el sur de Holanda, muy cerca de la frontera con Bélgica y Alemania.

Me sorprendió muy gratamente, en primer lugar, por la gran cantidad de tiendas de mueble moderno que tiene (en la calle principal de acceso a la ciudad conté unas 12 prácticamente seguidas), y en segundo lugar, por la rara costumbre de los holandeses, de no proteger sus ventanas ni con rejas (lo que refleja la seguridad con la que viven), ni con visillos o cortinas en gran parte de las casas. Esto nos permite a los que somos cotillas (aunque también podría llamarlo deformación profesional), observar el interior de estas casas en cuanto cae la noche y son  iluminadas. Comprendí la proliferación de tiendas de mobiliario en cuanto pude observar sus interiores. Iluminación indirecta, suave y muy  cuidada,  incluso las estancias que desde fuera aparecían vacías, se veían con las luces encendidas como si fueran un escaparate en lugar de una vivienda. Mobiliario en general moderno, mucha cocina incorporada en los salones y un detalle muy gracioso, en los poyetes interiores de todas las ventanas, parejitas de jarroncitos, o figuritas, o velas, o lámparas. Alguna en lugar de dos tenía 3 y alguna incluso más,  pero de verdad os digo que no vi ni una sola que no tuviera nada. 

Aunque saqué alguna foto, la verdad es que salieron muy oscuras, así que os dejo unas imágenes del hotel en el que me alojé, El Plaza Eindhoven, para que veáis un buen ejemplo de la buena iluminación que os comento.

Alicia Mesa

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